La culpa ¿es de los extranjeros?

La culpa ¿es de los extranjeros?

SERGIO VILLAMIL

Está bastante extendida, aún entre trabajadores, la teoría de que el deterioro general de la Salud Pública, o parte de él, se debería a la demanda de atención por parte de residentes extranjeros en los hospitales públicos. Que los extranjeros “ocupan” el lugar que correspondería a los nativos.
Esta falacia es difundida por aquellos sectores que tratan de desviar la atención de las verdaderas causas del colapso de la atención de salud. Funcionarios, comunicadores sociales, o burócratas sindicales, intentan ocultar las verdaderas raíces económicas y políticas de aquel deterioro, mediante la estimulación de prejuicios xenófobos, o falsamente nacionalistas. Se apela incluso a la figura extrema de los “tours” de extranjeros, que desde países limítrofes, viajarían para atenderse en “nuestros hospitales”, a costo prácticamente nulo. Se trata de un prejuicio que debe ser combatido, para poder mirar las cosas como realmente son.
En primer lugar los residentes de origen extranjero o los trabajadores inmigrantes, son habitantes de la Ciudad, que en su gran mayoría, trabajan, forman familia y tienen hijos en nuestro país. En el mismo sentido, producen riqueza, consumen y pagan impuestos dentro de nuestro territorio. Y son además superexplotados por patronales “nacionales”, que encuentran suculentas ventajas en el trabajador más sumiso, más barato y más fácil de descartar, en tanto minoría segregada y muchas veces de condición legal precaria. El derecho a la atención de salud que tienen estos hombres, mujeres y chicos, es equivalente al de cualquier nativo. La línea divisoria en todo caso, pasa no por la frontera nacional, sino por los intereses de clase, que hermanan a los explotados de los distintos países, contra los explotadores de ambos lados.
En segundo lugar obsérvese que la incidencia demográfica de los nacidos en el exterior en la población de la Capital es muy baja, 11.4% en el censo de 2001. Concentrados en algunas barriadas, no llegan a ser, de conjunto, un factor que incida en el “desalojo” de la población nativa de los centros de salud. No llegarían a 3 personas en una cola de 25. Si todos los nacidos en el exterior dejaran de atenderse en el sistema público, no cambiaría sustancialmente el cuadro de turnos a varios meses, fracaso de estudios y falta de medicamentos, consecuencia del desfinanciamiento de la salud estatal, por parte de los gobiernos subordinados al FMI.
El viejo orgullo sobre nuestros antepasados inmigrantes que “hicieron la patria” ¿se trastocará en discriminación hacia los’ hermanos’ bolivianos, paraguayos, peruanos o uruguayos?
Otra variante de estas teorías distraccionistas, atribuye los males a la demanda de los habitantes del conurbano que se atienden en hospitales de la Ciudad. Pero ya hace mucho que esta especie fue rebatida, con la evidencia de que millones de habitantes de esas zonas entran a trabajar a la Capital todos los días, produciendo, consumiendo y por ende pagando impuestos en esta Ciudad. Sería una catástrofe social, interrumpir la atención en los hospitales a los que se domicilien del otro lado de la General Paz, dada la devastación de la atención en Provincia. Entonces hay que rechazar estas campañas chauvinistas, de cuño privatista, y concentrarse en las acciones que modifiquen la situación de fondo: la lucha por el aumento presupuestario de salud, contra las políticas privatistas que liquidan al hospital público, por el acceso de todos a los medicamentos, por un sistema de salud gestionado por los trabajadores y no gerenciado por las empresas.