El Garrahan, un programa
El Garrahan, un programa
SERGIO VILLAMIL
La lucha huelguística de los trabajadores del Garrahan, se transformó en un “emblema”. Un punto nodal de la lucha de las clases sociales y sus representaciones políticas e institucionales.
Esto fue así, porque los trabajadores del Garrahan se levantaron contra la gran entente que va desde el gobierno Kirchner- Lavagna, hasta la burocracia sindical de todos los signos, pasando por las cámaras patronales, los partidos del régimen y los medios de comunicación bajo control capitalista.
Los trabajadores del Garrahan golpearon en el centro de la política de congelamiento salarial y flexibilización laboral del kirchnerismo, que es la base del superávit fiscal, el pago de la deuda al FMI y a los bancos y la subvención a los grandes pulpos capitalistas. El reclamo del salario básico igual a la canasta familiar, el aumento del presupuesto hospitalario, el nombramiento de personal para terminar con las jornadas y ritmos de trabajo extenuantes; todo ello es un programa acabado de oposición a la política proimperialisra del gobierno K. Un programa para el conjunto de la clase trabajadora y específicamente para los estatales, maestros y jubilados, que cargan con el costo del superávit fiscal. Y un programa ante el abandono oficial de la salud pública. Programa que expresaron con los métodos de la acción directa y rompiendo los diques de contención de las burocracias sindicales aliadas al gobierno.
Otros sectores lograban, para esos días, aumentos aproximados al que reclama el personal del Garrahan, los mecánicos del SMATA, los maquinistas ferroviarios, incluso, sigilosamente, sectores estatales como el Instituto Malbrán o el Hospital Posadas. ¿Por qué entonces la consigna del establishment fue “el Garrahan debe ser aplastado”? Y atrajo sobre sí el fuego graneado de las patronales y sus partidos, de todo el gabinete nacional, de los medios de comunicación y de las burocracias sindicales de todo tipo.
Porque es un conflicto insignia. Generalizó el reclamo de un salario que cubra el costo de la canasta familiar. Su triunfo provocaría un “efecto dominó”, decían. Pero además porque la dirección de esa lucha era independiente, conformada por activistas antiburocráticos con una militancia activa contra la dirigencia centroizquierdista de ATE y CTA. Ceder a una dirección “rebelde” les provocaba espanto. Había que escarmentarlos.
La lucha del Garrahan es, por su contenido y sus métodos un programa político de acción para toda la clase obrera aplastada por 20 años de deterioro salarial y flexibilización laboral. Y también como se dijo, una denuncia de la política oficial de destrucción de la Salud Pública. Por eso el hipócrita Ginés González salió con furia contra el Garrahan. En nombre de los “niños, rehenes de los huelguistas” ocultando que los chicos en las provincias se mueren sobre el lomo de las mulas, tratando de llegar a hospitaluchos en ruinas a centenares de kilómetros. Hasta el inefable Ibarra salió a golpear también a los huelguistas, para contrarrestar su denuncia: el presupuesto de salud de la Ciudad cayó un 25% respecto del 2001 en términos reales y el del Garrahan no se terminó de enviar al hospital.
Mandaron a la policía, a todo tipo de jueces, montaron provocaciones. Y todo se cayó como castillo de naipes, los padres de los chicos apoyaron a los huelguistas. La mayoría de los médicos se sumó a la demanda de los trabajadores.
Otro aspecto central del programa de los huelguistas del Garrahan, la independencia respecto de la burocracia sindical. Respecto de todos los gremios, que salieron a repudiar la lucha y a esconderse bajo las polleras del poder. Upcn, Sutecba, apelando miserablemente al método tradicional de dividir a los trabajadores y “arreglar” por separado. La de la Asociación de Profesionales, asumiendo una neutralidad cómplice. El fracaso de todos ellos consistió en que sus afiliados concurrían a las asambleas conjuntas y apoyaban las medidas de acción.
Pero la delimitación más profunda se dio con la burocracia del propio gremio, el mayoritario, ATE, que estableció un cordón sanitario contra la huelga. Su jefe, Micheli, se cansó de gritar a los cuatro vientos que no apoyaban la huelga, que había que levantarla; sabotearon el fondo de huelga. La asilaron de otros conflictos (Malbrán, Justicia, Posadas). Las asambleas del hospital lo repudiaron, una, varias veces. Podría haber guardado silencio. Si hizo exhibicionismo de alcahuete, fue para demostrarle al amo, que son incondicionales K, a cualquier costo. Al punto de jugar de rompehuelgas a pesar de que el gobierno les pinchó el sueño de ser la burocracia oficial y hasta les negó la personería gremial de la CTA.
La lucha del Garrahan marcó a fuego un camino de la clase obrera, de rebelión y crítica al rejunte centroizquierdista, que va desde Kirchner hasta los sectores “piqueteros”, sindicales, derecho-humanistas y “progresistas” de todo pelaje, cooptados por el poder. Verdaderos custodios de la “paz social”, entendida como agachar la cabeza y aceptar la miseria sin chistar, para “cumplir” con los acreedores. Los huelguistas del Garrahan, con su lucha larga, dura, tenaz, patearon todo ese podrido tablero. Por eso es una lucha no acabada, viva y vigente, que se retomará a una escala superior en cualquier momento.
¡Vivan los huelguistas del Garrahan! Apoyo incondicional a su lucha.
Por un Congreso nacional de trabajadores de Salud para poner en práctica su programa.
Desprocesamiento de los miembros de la Interna perseguidos por la justicia patronal.
Salario mínimo básico igual a la canasta familiar.
Triplicación del presupuesto de Salud pública bajo control de los trabajadores. TS
