El sistema de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires está en llamas
A cinco años de promulgada la ley 448
El sistema de Salud Mental
de la Ciudad de Buenos Aires
está en llamas
ELENA FLORIN
Criticamos en su momento la promulgación de la 448 y el festejo del ‘progresismo’ al respecto, dado que no había referencias en el presupuesto para llevar adelante las reformas. Más aún, advertíamos sobre el interés privatista de la propuesta y hasta inmobiliario, por parte de la Corporación del Sur, en los invaluables terrenos de los hospitales psiquiátricos. Pronosticamos que seguramente la ley se implementaría en lo referido al cierre de los neuropsiquiátricos. Y así está pasando. El Moyano ya tiene cinco de sus pabellones cerrados y de las casas de medio camino ni una palabra.
El deterioro de los hospitales de salud mental fue profundizándose día a día. La caída de paredes y techos en el Moyano, la falta de camas en el Alvear, la comida basura del Borda son parte del panorama diario en la ciudad. La falta de pago y de nombramientos a la mayoría de los profesionales del Sistema de Salud Mental que continúan trabajando, 1700 rentados (en negro) y 1300 ad-honorem (sin salario), la escasez de camas a la hora de internar urgencias, la presencia de pacientes acostados en colchones tirados en el piso es cosa de todos los días, la demora de meses en listas de espera para la atención ambulatoria, retratan un panorama sombrío, consecuencia del abandono de la salud mental por parte del gobierno de la ciudad. El “achicamiento de gastos” exigido por los acuerdos con los organismos internacionales, conduce sistemáticamente al deterioro de la atención médica y psicológica para los sectores populares.
Hace pocos días, el renunciado Director de Salud Mental Soriano intentó justificarse asegurando que no fue él quien no quiso llevar adelante la construcción de las casas de medio camino, los hospitales de día, los hostales, tal como la ley indica. Que no tuvo posibilidades de evitar la ruina de sistema. De hecho el presupuesto de salud mental bajó de 61.050.007 de pesos en 2003 a 56.188.442 en 2005. Esto en términos nominales. En términos reales, el porcentaje de la reducción es aún mayor. ¿De donde entonces habrían de salir los recursos para la tan reclamada reforma?
Este es el objetivo del gobierno de Ibarra, la reducción presupuestaria -el ajuste en salud- para privilegiar el pago de la deuda externa por un lado y por otro impulsar el gerenciamiento de la salud mental, a través de fundaciones, casas de medio camino, hostales y granjas...privadas.
Acorde con estos lineamientos el nuevo Director de Salud Mental porteño, Dr Pablo Berretoni anunció la aplicación de una política de desinstitucionalización (sic). Es respaldado en esta iniciativa por el nuevo Secretario de Salud del GBCA Spaccavento quien declaró: “Los hospitales neuropsiquiátricos son depósitos de seres humanos, donde se vive en hacinamiento, donde se violan los derechos humanos y donde no hay salud”.
¿Cerrarlos entonces, será la solución?
No lo dicen así pero lo sugieren. En lugar de triplicar el presupuesto de salud mental para mejorarlos y adecuarlos a las necesidades actuales, abrir centros de salud mental en todos los niveles, incorporar personal (dando prioridad a los que lo vienen haciendo con sueldos en negro o gratis), equipar los servicios y garantizar la entrega gratuita de medicamentos, hablan de desinstitucionalización.
“Desinstitucionalizar” a los internados de los hospitales públicos que, ya entonces no tendrían porque existir y abrir así todo un gran campo para los empresarios de la salud mental. Es decir, un gran mercado para explotar.
En los años de vigencia de la 448 el número de internados no se redujo. Los tiempos de internación tampoco. Se sabe que hay 2400 internados de los cuales 412 están en condiciones de ser externados de hospitales públicos pero permanecen allí por cuestiones sociales, falta de familia continente, de vivienda o de trabajo. Esto es, por la miseria creciente. La demanda de atención es mayor y sin embargo no se establecen camas de internación en hospitales generales ni guardias psiquiátricas y psicológicas en los hospitales generales. De cuatro Centros monovalentes de Salud Mental que hubo años atrás queda uno solo, el Ameghino.
Poner énfasis en el problema de la desmanicomialización cuando se hace referencia a la salud mental es en cierto sentido, engañoso. Es como cuando se habla de atención primaria de la salud. ¿Quien puede no estar de acuerdo con eso? La cuestión es el estado actual del sistema de salud y, sobre todo, el estado de salud mental de la población.
Mientras la pobreza y la pauperización creciente, la desocupación para unos y el exceso de trabajo para otros, sean factores causales de múltiples trastornos mentales el problema de un sistema de salud, no se arregla con cierres y achiques sino con aumento de los centros de atención a todo nivel. TS
