Después de la Gripe A H1N1
Por Luis Trombetta
El saldo de la primer pandemia del siglo XXI, y la segunda en los últimos 30 años (el SIDA la precede), fue según el informe del Ministerio de Salud de la Nación, hasta el 06/11/09, la notificación de 1.241.612 casos de enfermedad tipo influenza (ETI), 24.504 muestra procesadas de las que se confirmaron 10.248 casos de influenza pandémica (H1N1). Más de 93% de los virus de influenza pandémica (H1N1) e influenza A sin tipificar fueron responsables de las virosis respiratorias en mayores de 5 años y un total de 12.471 casos de Infección Respiratoria Aguda Grave (IRAG) que requirieron hospitalización.
El número de fallecidos a la fecha del informe ascende a 600.
La pandemia se hizo presente en todo el país.
La circulación del virus y la tendencia de la enfermedad respiratoria (ETI) se incrementó rápidamente, alcanzando los niveles de alarma y brote en pocas semanas.
El aumento de la tasa de hospitalización por IRAG alcanzó 25,4 casos por 100.000.
En el Hospital Posadas la cifra de internaciones fue 5 veces mayor a la esperada respecto a años anteriores.
La gripe A H1N1 puso en evidencia la crisis del sistema sanitario.
En la Ciudad de Buenos Aires se suspendieron las cirugías programadas y se redujo la oferta de atención en los consultorios externos.
La contención de los pacientes con enfermedad tipo influenza fue a costa de la reducción de los servicios hospitalarios, de la disminución de camas de internación para otras enfermedades y la sobrecarga del trabajo de sus trabajadores y profesionales.
La gripe dejó al desnudo la política del gobierno de Macri: achicamiento y reducción de la oferta.
Los planes de contingencia en el Hospital Posadas no pudieron resolver el problema de fondo: el presupuesto insuficiente, el abandono como línea política.
Los hospitales del conurbano sufren las mismas condiciones.
La gripe cesó en parte obedeciendo a las características de la enfermedad ya presentadas en pandemias anteriores, si bien en esta última su comportamiento se limitó a una oleada de expansión muy rápida, con una mortalidad muy inferior a las experiencias históricas, y a la terminación de la temporada invernal.
No obstante la morbilidad, es decir el número proporcional de personas que enferman fue elevado.
Los informes periodísticos sitúan el índice de ausentismo hasta en el 40%.
Pero el cambio estacional no augura un futuro mejor.
El dengue, la epidemia no reconocida por el gobierno nacional, se prepara en cada baldío, en cada barriada pobre, en todo el país, para invadir nuevamente.
La presencia del mosquito transmisor y el aumento de la temperatura otorgan las condiciones naturales para el desarrollo de la enfermedad.
La miseria social y la pobreza son los ingredientes fundamentales que el capitalismo se encarga de promover.
Las previsiones son alarmantes para el Chaco, Catamarca, Tucumán, Salta y Santiago del Estero.
El anuncio por el temor a un rebrote de poliomielitis fue publicado en el diario Perfil (24/10/09).
La crónica da por comprobado que en algunas localidades de las provincias de Santiago del Estero, La Pampa, y Buenos Aires, la población vacunada no alcanza el 50%, poniendo en alerta a las autoridades, que han visto la aparición de un caso de un bebé que enfermó en San Luis con una variante del virus de la polio.
No es la única enfermedad.
El sarampión también amenaza (Perfil 24/10/09).
Hay preocupación en el Ministerio de Salud de Córdoba porque sólo se logró inmunizar al 40% de los niños de dos meses a 4 años que debían recibir las dosis adicionales para prevenir estas enfermedades, publica La Voz del Interior (21/10/09).
En el norte y noreste del país, la leishmaniasis aumenta al ritmo del desmonte y de la pobreza.
Viejas y nuevas enfermedades ingresan a la escena del derrumbe capitalista.
Son las compañeras de viaje de un sistema que definitivamente debemos enterrar.
