Hospitales porteños: la calma que precede la tormenta

 

A la situación convulsiva que se produjo en los hospitales porteños en los primeros meses del año, parece haber seguido un período de calma. A no engañarse, el gobierno y los gremios han echado lastre, pero la política privatista socava lenta pero inexorablemente el sistema de salud pública de la Ciudad. Se reúnen las condiciones de nuevos y fuertes conflictos.

 

 

Fue un verano agitado en los hospitales porteños.  Empezó con el anuncio de 1000 cesantías municipales con mayoría entre el personal de salud. Fueron resistidas y se pasó a un “análisis caso por caso”, con el personal adentro.

Continuó con el atraso en el pago de módulos asistenciales a médicos de guardia. Asambleas, batucadas y finalmente una marcha inter hospitalaria arrancó el pago en forma inmediata.

Después vino, en marzo, la incorrecta liquidación de haberes por parte de una tercerizada que desató una situación huelguística. Los gremios fueron sobrepasados y asambleas, paros y cortes de calle, se extendieron por todos los hospitales de la Ciudad.

Casi en simultáneo el cierre del Instituto de Oftalmología Lagleyze, con el argumento del subsuelo inundado por las lluvias de febrero, dio lugar a un gran movimiento de los trabajadores del hospital y los vecinos por la reapertura.

Una marcha de varios centenares de médicos, profesionales y residentes a Jefatura de Gobierno, reclamó nombramientos, aumento salarial y presupuesto para frenar el deterioro imparable de los hospitales.

La rebelión amenazaba con generalizarse y el gobierno macrista tuvo que echar lastre y apelar de urgencia a los gremios para apurar las paritarias. La que firmó con el gremio municipal – Sutecba – otorgó unos ajustes salariales en cuotas que no cubren la inflación, una re - categorización del personal y una agenda para la incorporación de contratados a planta. La de Asociación de Médicos Municipales firmó un aumento de  suma fija de 800 y 1000 pesos según categorías, que equivale a un 21% a 28% y el blanqueo e incorporación al básico de 585 pesos que se venían cobrando; para los residentes  un incremento entre 22 y 24%.

Muy lejos de los 4000 pesos de sueldo inicial y 40% para todas las categorías que habían votado varias asambleas de hospital, pero que logró enfriar transitoriamente los ánimos.

El Lagleyze fue reabierto; un gran triunfo de la movilización.

Bajo la aparente calma actual, el deterioro y la destrucción avanzan. Macri ha confirmado su política de jubilaciones masivas y despidos por ausentismo, para achicar sustancialmente la planta municipal. Insisten con el plan Maestro de compactación de los hospitales Muñiz de infecciosas, Udaondo de gastroenterología y María Ferrer de vías respiratorias; como también con el reciclado de los siquiátricos Moyano, Borda, Infanto juvenil, como parte de una reurbanización de la zona de Barracas, que implica el cierre parcial y redistribución de pacientes. Se ha privatizado la facturación de los hospitales a terceros como parte de un plan de autogestión financiera y achicamiento del presupuesto de salud. Este cae, de todas maneras, sistemáticamente a valores constantes y con relación a los costos de insumos, equipamiento y construcciones necesarios, con la consecuencia de cierres de pabellones y servicios. El deterioro salarial hace que enfermeras recientemente ingresadas renuncien y emigren al sistema privado.

Se trata entonces de una caldera, entre tantas de esta crisis capitalista, que levanta presión y provocará a corto plazo nuevas luchas de los trabajadores de la salud. Es fundamental que el Frente Gremial de Recuperación de médicos municipales, las gremiales locales independientes, la Inter hospitalaria, los residentes y concurrentes, impulsen asambleas por hospital e inter hospitales para organizar un programa de acción.

Las huelgas de a los autoconvocados de salud de Tucumán, de Santiago del Estero y otras provincias son las que marcan el derrotero.

 

Elena Florin