Catalogación con nivel de protección cautelar los edificios pertenecientes al Hospital “Dr. Francisco Javier Muñiz”

 

Versión Taquigráfica 

 

AUDIENCIA PÚBLICA

 

5 de mayo de 2010

 

Catalogación con nivel de protección cautelar los edificios pertenecientes al Hospital “Dr. Francisco Javier Muñiz”

 

 Dirección General de Taquígrafos

 

 

s u m a r i o

audiencia pública                                                                                                      4

Iniciación                                                                                                                             4

Participantes                                                                                                                       4

3.- Sr. José Eduardo del Mármol                                                                                     4

1.- Sra. Alicia Estela Barrera                                                                                          10

4.- Sr. José I. Pérez                                                                                                         12

5.- Sr. Alfredo Seijo                                                                                                       14

6.- Sr. Luis Trombetta                                                                                                    15

7.- Sra. Ana María Bordenave                                                                                       18

Diputado                                                                                                                           19

Diputado Jorge Selser                                                                                                    19

Finalización                                                                                                                       21

 

 

 

 

audiencia pública

 

- En Buenos Aires, en el Salón San Martín de la Legislatura de la Ciudad Autónoma, a cinco días del mes de mayo de 2010, a la hora 15 y 36:

 

Iniciación

 

Sra. Presidenta (Pedreira).- Damos comienzo a la audiencia pública con relación a la ley por la cual se catalogan con nivel de protección cautelar los edificios pertenecientes al Hospital “Dr. Francisco Javier Muñiz”.

Se trata del expediente 2450-D-2008, de la Comisión de Planeamiento Urbano.

Mi nombre es Silvina Pedreira y soy la presidenta de la Comisión de Planeamiento Urbano. Me acompañan el vicepresidente de la comisión, diputado Bruno Screnci, las diputadas Carmen Polledo y María José Lubertino y los diputados Jorge Selser, Juan Cabandié y Julián D’Angelo.

 

Participantes

 

Sra. Presidenta (Pedreira).- De acuerdo con el orden de inscripción, corresponde que haga uso de la palabra la participante número 1, la señora Alicia Estela Barrera.

 

Sra. Barrera.- ¿Podría comenzar el participante que está anotado en tercer lugar?

 

3.- Sr. José Eduardo del Mármol

 

Sra. Presidenta (Pedreira).- Cómo no. Entonces, hará uso de la palabra el señor José Eduardo del Mármol.

 

Sr. Del Mármol.- Agradezco la oportunidad de hablar, dado que esta audiencia se refiere a un hospital por el que tengo un profundo sentimiento de pertenencia, en el sentido de que he tenido cuarenta y cuatro años de actividad en él, y los últimos quince, como subdirector y director, grata y laboriosa tarea, como podrán imaginar. Hicimos lo mejor que pudimos, dentro de lo que eran las conjugaciones de circunstancias.

            Mi intención es relatarles el desarrollo y el desenvolvimiento del Hospital Muñiz en estos ciento treinta años de existencia, contando la formal y la informal. De los últimos cuarenta y cinco años, puedo dar información testimonial; la demás la he recogido de diferentes fuentes, algunas documentales y otras producto de un trabajo casi periodístico con gente que, desgraciadamente, ya no nos acompaña en este mundo, pero que tenía información de la que yo no disponía ni sabía de dónde se podía sacar.

            ¿Cuánto tiempo me puedo extender en la exposición? ¿Hay alguna limitación de tiempo?

 

Sra. Presidenta (Pedreira).- Tratamos de ser breves y de redondear en cinco minutos. Pero, por supuesto, tiene tiempo de sobra.

 

Sr. Del Mármol.- No me voy a extender mucho.

             En realidad, el hospital se origina en un momento trágico de la Ciudad de Buenos Aires y, como lo hizo durante toda su historia, vino a suplir, a cubrir y a barajar una situación catastrófica: la epidemia de fiebre amarilla que barrió más del 30 ó 40 por ciento de la población de Buenos Aires en los cuatro o cinco meses que duró. El Hospital de Clínicas estaba completamente saturado y hubo que empezar a derivar a los pacientes.

En el espacio en el que actualmente se encuentra el Hospital Muñiz se creó un espacio dedicado a atender enfermos con fiebre amarilla en el que había barracones. Se hizo lo que se pudo.

En la plaza de enfrente del Muñiz –lo que ahora es el Parque Ameghino– había un cementerio, que también fue sobrepasado con esta epidemia, y esto dio origen al actual Cementerio de la Chacarita. Estoy hablando del año 1881, año en el que empieza la actividad del hospital. Aclaro que no me voy a referir solamente a los años en los que el hospital llevó el nombre “Muñiz”, y ahora voy a explicar bien cómo se dio.

El hecho es que esa epidemia, en algunos días de abril llegó a matar a quinientas doce personas, y el 60 por ciento de los muertos fueron niños. También murió gente de mucho coraje médico. Pero no todas las autoridades se comportaron con el mismo coraje civil. Se formó una comisión que se encargó de manejar la epidemia, en la que participaban poetas y médicos que tomaron a su cargo la organización. Entre esos médicos estuvieron Argerich, Muñiz y un tal Pérez, de quien no tengo conocimiento. Pero a Argerich y a Muñiz los conocemos todos, por lo menos, de nombre.

            Después de esa situación tan desastrosa, quedaron las barracas destinadas a la Salud y se fue formando un hospital. En 1894 recibió su fundación formal. De hecho, el acta fundacional original está en el despacho de la Dirección del Hospital, con firmas muy valiosas en aquella época, como la de Penna y de Cecilia Grierson. En ese año se fundó la llamada “Casa de Aislamiento”, que estaba destinada, justamente, a atender enfermos que requerían aislamiento por enfermedades infectocontagiosas, como siempre hizo el hospital en su evolución.

 

- Se proyectan diapositivas.

 

 

Sr. Del Mármol.- En ese momento se construyó el edificio central que se ve en una de las primeras fotos. Éste se veía desde la puerta, porque no estaba el edificio anterior. Actualmente, en ese edificio funcionan la farmacia, la dirección y la parte administrativa y religiosa del hospital. También se construyó el laboratorio, que es uno de los edificios más antiguos que se conservan actualmente de ese hospital. Son hermosos.

El edificio de la dirección, que muchos de ustedes conocen, está muy bien mantenido y prolijamente cuidado. Los materiales están en un estado admirable; los pisos son los originales, con listones de madera y están impecables. Todo lo demás, se ha reciclado en forma aceptable.

            Desde 1904 se incorporaron más pabellones. De acuerdo con la patología, la mayoría de los pacientes tenía enfermedades tuberculosas, pero también había enfermedades infecciosas, que luego serían el mayor caudal del hospital. Pero en aquel momento, la patología era fundamentalmente tuberculosa.

Fue creciendo año tras año y se fueron incorporando pabellones –algunos de ellos desaparecieron–, la casa de monjas y una capilla. Todos esos edificios, de alguna manera u otra, fueron reciclados o incorporados a otros.

            Me olvidaba de un detalle. En 1904, la Casa de Aislamiento, por decisión de la entonces Intendencia, fue designada como “Hospital Francisco Javier Muñiz”, en homenaje a quien nos dio su ejemplo en la lucha contra las epidemias y tuvo un gran apasionamiento por la defensa de la gente que se moría por infecciones, que en aquel momento eran incontrolables. Él siempre iba y ponía la cara. No obstante, en una de estas epidemias de fiebre amarilla murió Muñiz, al igual que Argerich. En definitiva, recién en 1904 empezó a funcionar el Hospital Francisco Javier Muñiz como tal, con lo cual, lleva ciento seis años. De todas formas, tuvo una existencia previa informal, pero igualmente valiosa.

            Entre 1904 y 1930 hubo un período de incorporación de pabellones, en su mayoría dedicados a atender enfermos tuberculosos, que en aquel entonces no tenían tratamiento; tenían un diagnóstico que era bacteriológico y que se fue desarrollando  en el hospital, pero no había tratamiento. Se ensayaban tratamientos variados con resultados más que dudosos, que pasaban por ciertas medicaciones o por los rayos solares a través de unas ventanas azules que todavía están en el hospital. Eran enfermos que no tenían salida médica; lo único que se podía hacer era tenerlos aislados para que no estuvieran en contacto con el resto de la población. Todavía era un hospital, fundamentalmente, de aislamiento.

            A partir de 1904, cuando empieza el Hospital Muñiz como tal, y hasta 1930 se incorporan bloques edilicios, cuya estructura todavía se puede ver en muchos casos y en muchas de las imágenes que estamos viendo.

Durante ese período, en el hospital se asentó la cátedra de enfermedades infecciosas, que tuvo un gran auge, pero –lenta e históricamente– fue superada por la cantidad de enfermos tuberculosos.

La mayoría de los pabellones que se iban armando era para enfermos tuberculosos; empieza a haber desarrollo tecnológico, diagnósticos bacteriológicos, neumotórax, y ciertas  conductas frente a los enfermos tuberculosos, a quienes se los va agrupando automáticamente en pabellones especiales para ellos. Algunas salas –como las 1, 2 y 3– se destinaron para otras patologías respiratorias generales, o para patologías infecciosas más genéricas, y luego les comentaré de qué se trataban.

            En 1930, un profesor a quien llegué a conocer, el señor Raúl Vaccarezza, consiguió –no me pregunten mediante qué mecanismos– que se creara en el Hospital Muñiz la cátedra de Tisiología de la Universidad de Buenos Aires, lo que le da al hospital mucha autonomía. También logró que se construyera el dispensario actual, que es un edificio que da a la Avenida Vélez Sarsfield, con dos pisos y que se encuentra en buen estado; el pabellón Koch, un enorme pabellón –que se ha visto en una de las fotos que estamos mostrando– que  también es ediliciamente muy importante, pero su mantenimiento deja bastante que desear; y un laboratorio de bacteriología de la tuberculosis, que reúne los diagnósticos bacteriológicos de tuberculosis que se van haciendo más frecuentes. Gracias a este desarrollo del año 1930 y a esta dedicación, se crea el núcleo de tisiología del hospital, además de lo infectológico general que también era importante.

            Hay que hacer notar que, en realidad, en ese momento, todo el hospital tenía un funcionamiento muy vago en cuanto al financiamiento. Había ciertos acuerdos –que todavía están escritos y valen, porque no hay nada mejor–, como los convenios entre el Gobierno de la Ciudad y el Gobierno Nacional sobre quién respaldaba los gastos del pabellón Koch, del dispensario y del laboratorio de la tuberculosis. Este último tuvo un desarrollo extraordinario bajo próceres como el doctor Cetrángolo, cuyo hospital lleva su nombre. Actualmente, el edificio no está muy bien. El dispensario está bien mantenido, pero el pabellón Koch no tiene el mismo mantenimiento.

            En ese momento, después de algunas vacilaciones, comenzaron desarrollos tecnológicos muy significativos para la atención de estos enfermos. Por empezar, se afinó mucho el diagnóstico, como les dije, en el laboratorio de bacteriología de la tuberculosis. También se van adquiriendo nuevas técnicas, nuevos instrumentales y diagnósticos, como es la endoscopía.

La endoscopía respiratoria nació por esos años y por la visión del doctor Vaccarezza, porque había prejuicios para practicarla en los tuberculosos, ya que se decía que “daba sangre”, es decir, hemoptisis. Él logra superarlo e impone el desarrollo de la técnica endoscópica, que va adquiriendo un tratamiento intenso en la cátedra. En este sentido, se destacaron los doctores Vaccarezza, Bence, Chevallier Jackson –quien estaba viendo el tema de endoscopía en Estados Unidos– y Pilheu. Hubo una serie de movimientos que hicieron que la endoscopía cobrara un gran desarrollo en la cátedra de tisiología, pero también lo tuvo, paralelamente, en las salas 1 y 2 del Hospital Muñiz, y luego les contaré qué fue pasando.

En principio, allí se fue desarrollando la endoscopía y se especializaron en temas significativos para la Ciudad, como la extracción de cuerpos extraños de las vías aéreas y digestivas superiores, y el diagnóstico y la aspiración de secreciones en enfermos inundados. Indudablemente, se trató de un desarrollo decisivo, porque en el año 1950, más de la mitad de los pabellones era de los tuberculosos; es decir, de los 45 pabellones que todavía funcionaban cuando yo ingresé, más de 28 estaban dedicados a la tuberculosis.

En 1955, aproximadamente, hizo irrupción una tragedia mundial que nos tocó muy de cerca: la epidemia de poliomielitis. Como siempre, y a lo largo de la historia del hospital, el Muñiz asumió la responsabilidad, porque era una enfermedad infectológica. Por ello, se hizo cargo de todos los enfermos infectados para hacer los tratamientos que se pudieran. ¿Qué generó eso? Porque no nos olvidemos que, a veces, no hay mal que por bien no venga. Sucedió que la endoscopía, la atención del enfermo respiratorio y mucha aparatología que acudió al Muñiz por la demanda que tenía –como las camas oscilantes, los pulmotores y todo el aparato de mantenimiento y apoyatura respiratoria de enfermos con polio que, como ustedes saben, su principal causa de muerte es la falla respiratoria–, fue generando un know how del personal médico y de enfermería en el manejo de estos enfermos y en el desarrollo de técnicas que después constituirían, gradualmente, la terapia intensiva. Ésta no existía como institución; no había terapia intensiva en general en ninguno de los medios, salvo en alguno pionero, pero acá todavía no, y se generó de esa manera.

Al mismo tiempo, y por el talento de un médico que fue muy visionario, se consideró la necesidad de mejorar la atención del enfermo tetánico. En la Sala 1 se creó una pequeña sección –la verdad es que parecían ranchitos– donde se juntaba a los enfermos tetánicos y se los apoyaba respiratoriamente. Se generó un sistema de atención de urgencia del enfermo tetánico, que bajó la mortalidad del tétanos del 60 ó 70 por ciento –o sea, que de diez, se morían siete; era casi inexorable– al 30 por ciento.

Esto mismo se fue generando con todos los sistemas que estaban involucrados y, como les dije, el de endoscopía se fue constituyendo, muy espontáneamente, en un verdadero centro de atención de enfermos endoscópicos.

De la década del ´60 al ´70 se produjeron cambios bastante esenciales. El desarrollo de las terapias intensivas fue algo fundamental, así como también la atención de los enfermos tetánicos. En el año 1965 ó 1966, había 1.200 camas en funcionamiento. Todavía más de la mitad eran enfermos tuberculosos. En ese momento, también se incorporaron diferentes habilidades y apareció la cirugía toráxica, que no se hacía mucho, y la traqueotomía, técnica que se fue desarrollando bastante.

Después de estos procesos, el Gobierno de la Ciudad –en ese momento, la Municipalidad– decide crear un nuevo sistema de guardias, del que me tocó participar. En aquel entonces, en la guardia éramos seis profesionales de la salud que atendíamos las 1.200 camas. Éramos dos médicos –yo era joven en aquella época– que andábamos todo el día, y recuerdo no haberme acostado en esos días de guardia y haber tenido los pies hinchados por no poder parar ni un instante, porque –repito– había que atender 1.200 camas. No solamente se atendía a estos enfermos que he mencionado, sino también otras enfermedades importantes como el botulismo, que después fue a terapia, y la rabia, que todavía no tiene solución y es una enfermedad muy desgraciada y muy fea de ver.

            Luego se creó el sistema de guardia. Aumentó la dotación de guardia y el Hospital Muñiz pasó de tener seis profesionales a tener veinte. Uno de ellos, y esto es lo importante, fue un endoscopista de guardia permanente las 24 horas para atención de enfermos de urgencia. Los temas del momento eran cuerpos extraños, aspiraciones y diagnósticos de urgencia.

            Así, el Centro de Endoscopía adquirió una existencia real indiscutible como el único de la Municipalidad. En  su momento, llegamos a extraer 1200 cuerpos extraños por año y a realizar 1200 a 1500 investigaciones endoscópicas diagnósticas.

El desarrollo de la endoscopía es muy particular del Muñiz y está muy asociada al desarrollo de la terapia intensiva. Yo he escrito una Historia de la endoscopía en el Muñiz, que se va a publicar próximamente –es una cosa muy coloquial–, y he invitado al doctor Maglio a que escriba también una historia de la terapia intensiva en el Hospital Muñiz. Tiene cosas muy especiales.

            Naturalmente, todo eso generó mejorías diagnósticas: apareció el tratamiento de la tuberculosis, bajó la cantidad de pabellones con enfermos tuberculosos y se produjo una disminución en la acumulación de enfermos tuberculosos.

Sin embargo, en la década del ’80 hizo irrupción otra enfermedad que volvió loco al Hospital Muñiz: el HIV-SIDA. En el año 1983 ó 1984 tuvimos el primer caso, que produjo una psicosis colectiva en los médicos del hospital. No se sabía cómo se transmitía. Lo único que veíamos era morir gente joven. La drogadicción era poca en la población homosexual en la que se veía la mortalidad. Uno no sabía cómo se transmitía. Nosotros hacíamos endoscopía. Nos tosían enfermos encima y no sabíamos si estábamos expuestos o no. De hecho, en algún caso de expectoración en los ojos se dio la inoculación del virus.

Eso cambió totalmente la fisonomía del Hospital Muñiz nuevamente. Hasta ese momento, el hospital era una especie de gran estancia. Las salas obedecían muy fielmente a su patrón. La más dura picardía que había era que algún enfermo se escapara un sábado a la noche y volviese borracho de madrugada. El lunes el jefe de sala daba una gran filípica, había un gran achicamiento del médico, y eso era todo.

La aparición del HIV-SIDA tuvo consecuencias técnicas indudables. Si bien disminuyó la tuberculosis, volvió a reaparecer en los enfermos de SIDA de una forma todavía peor, la multirresistente. Esto es: la tuberculosis tras tratamientos inadecuados. ¿Por qué? Porque la población de enfermos se fue trasladando hacia los drogadictos. El predominio se daba entre los drogadictos, que son personas con situaciones y conductas complejas, que obligan a cuidados especiales. Había que poner vigilancia, por ejemplo.

Nunca sabremos a quién correspondía la vigilancia del Pabellón Koch: si al Gobierno de la Nación, a través de la cátedra, o al Gobierno municipal. Eso planteaba problemas.

No obstante, la situación llegó a un punto tal en que –y ya me vengo a estos tiempos– la mitad de la población del hospital, o más, responde a diagnóstico de HIV. Por empezar, al lado del viejo laboratorio central se desarrolló un laboratorio de virología fabuloso para diagnóstico particular de HIV, hepatitis y demás. Eso estableció un lugar de preeminencia en cuanto a diagnóstico de la enfermedad. Se adquirió experiencia en el manejo del enfermo sobreinfectado, es decir, con complicaciones y enfermedades intercurrentes que marcan el HIV. Se crearon salas y departamentos especialmente destinados a eso. La estructura pabellonada posibilita dividir y alejar pacientes de sectores de cierta contagiosidad a otros y a hombres de mujeres, otro problema que era grave y que sigue teniendo sus dificultades. Eso en cuanto al desarrollo médico.

En la actualidad, tenemos 160 mil consultas anuales, cuyo 60 por ciento es por HIV. Asimismo, la aparición de las drogas y tratamientos anti HIV ­–los famosos cócteles– disminuyeron la necesidad de internación. La ambulatoria se hizo mucho mayor, de modo que hoy tenemos 180 mil consultas anuales por estos enfermos. En el hospital se atienden en forma ambulatoria y reciben medicación 2.200 pacientes. Cuando yo quise estimar el valor de esa cifra pregunté acerca de otros hospitales, y me respondieron: “80 por mes”, cosa que marca un poco al Hospital Muñiz.

Tradicionalmente, el Hospital Muñiz ha tenido la oportunidad de acudir a todas las posibles epidemias y ataques. Por ejemplo, manejamos la famosa crisis del Ántrax y del terrorismo, que venía por sobres. Tuvimos 12 mil investigaciones de sobres y más de 6 mil consultas que hubo que atender, en cierta manera, “a pulmón”.

En esa estructura, que les cuento de manera resumida, faltan algunos factores fundamentales. El Muñiz es un hospital de enfermedades infectocontagiosas. Está definido así. Por otra parte, su naturaleza pabellonada nos dio la posibilidad de prepararnos para recibir al cólera y a las diferentes gripes aviares, que no vinieron. De todos modos, pudimos organizar sistemas de aislamiento en un sector. Por ejemplo, en terapia intensiva, que sólo llegó a usarse en una falsa alarma. El hospital siempre estaba dispuesto a atender.

Algo que también desarrolló el hospital fue la medicina del viajero: un buen Departamento de Zoonosis y un buen estudio de vacunaciones que conviene que se haga a la gente que debe viajar.

Estas características son de gran valor. Por ejemplo, y con esto termino, tener pabellones separados. En Toronto aparecieron dos casos de gripe aviar hace unos cuantos años en un hospital monoblock. Tuvieron que clausurar todo el hospital, porque no se podía establecer un sistema de aislamiento del virus. Este es un elemento para tener en cuenta.

Sucintamente, esto es lo que he podido recoger y contarles, en la mayor brevedad posible, sobre la evolución del Hospital Muñiz y a dónde ha llegado en este momento. Espero no haberme extendido demasiado.

Muchas gracias. (Aplausos.)

 

1. Sra. Alicia Estela Barrera

 

Sra. Presidenta (Pedreira).- Corresponde que haga uso de la palabra la señora Alicia Estela Barrera.

 

Sra. Barrera.- Voy a tratar de expresar lo que es nuestro hospital. Desde el punto de vista de la historia, lo ha hecho el doctor y ha dejado manifiesto cuál es el fin último que tiene el hospital. Yo intentaré convencerlos de cuáles son las corrientes internacionales en este momento, sobre todo para valorar la historia y el patrimonio de la salud mundial.

Dicen los organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud, a través de la Oficina Panamericana de la Salud en las Américas, que “la salud es un estado de perfecto y completo bienestar físico, mental y social del individuo y no sólo la ausencia de enfermedades”.

Nuestra propia Constitución de la Ciudad, la Ley Básica de Salud, la Ley de Salud Mental y la Ley Marco de Patrimonio Cultural no sólo garantizan la participación ciudadana, sino que la promueven y alientan. Por lo tanto, consideran que el paciente es algo más que paciente: es un actor pleno de derechos. Para ellos –y así lo expresan– es necesario desarrollar y sostener la memoria del sistema de salud mediante mecanismos institucionales adecuados.

            Se debe arrojar luz sobre la historia de las instituciones de salud desde sus orígenes hasta nuestros días, tratando de que la ciencia y la salud sean un aspecto más de la cultura de los ciudadanos. Para ello, los organismos internacionales piden testimonios para que se vincule la sociedad.

La estrecha vinculación que tiene la cultura y la salud para la OPS-OMS promueve la aplicación de políticas nacionales para la preservación y el desarrollo de actividades ligadas a la historia y al patrimonio cultural de la salud, en un contexto general marcado por un proceso global. Para ello promueven múltiples acciones colectivas para preservar y promover la singularidad cultural como un factor de desarrollo y de coexistencia en todo el mundo, en salvaguarda del patrimonio cultural de las naciones.

            No existe justificación posible para la destrucción de acervos patrimoniales, que deben conservarse en beneficio del pueblo, que aspira a preservar su memoria histórica y el desarrollo de su potencial humano.

            Lo que hemos escuchado recién de parte del doctor Del Mármol tiene que ver con la manera –a partir del estudio del comportamiento de las epidemias en el hombre y del basamento científico de análisis de las patologías– en que el devenir y la observación han hecho que, eventualmente, hoy sepamos cómo tratar estas patologías. No se trata solamente de diagnosticarlas, sino de que hay que aislarlas, y sabemos que tenemos herramientas y medicamentos. Este rol lo ha cumplido, históricamente en la Ciudad de Buenos Aires, el Hospital Muñiz. Quizás no sea el único rol por el cual tenemos que guardar su patrimonio histórico, sino también porque ha sido escuela de profesores; profesor de profesores. En este momento podemos decir, más allá de todo lo enumerado por el doctor, que los casos de lepra que se diagnostican en Capital Federal también se tratan en el Hospital Muñiz. Hay patologías, como la sífilis, que creíamos que con el advenimiento de la simple penicilina se iban a acabar, pero hoy sabemos que tenemos una endemia de sífilis en la Ciudad de Buenos Aires.

            Dicen los organismos internacionales que en cada hospital fue posible hallar, al menos, a un investigador de la historia y al patrimonio de esa institución. Se trata de un  fenómeno que venimos viendo por los distintos museos. De hecho, actualmente el Hospital Muñiz  tiene uno. Con celo, el personal de salud ha ido tomando en sus manos la defensa de esos elementos históricos para completar este deseo de visualizar un patrimonio que, en realidad, es de difícil acceso a la población, y que ha sido preservado por los propios integrantes de los equipos de salud. Esa es una realidad que la vemos todos los días en el hospital.

            El patrimonio comprende, efectivamente, su historia; los edificios; la fachada de interés histórico, arquitectónico y científico; los jardines; los parques; los documentos; las obras de arte; el material bibliográfico; la fotografía; el instrumental; el equipamiento y una valiosa historia oral, que es lo que debemos rescatar. La trascendencia de estos cuidados permitirá que tengamos nuestro hospital defendido.

            A partir de marzo de 2008, empezó a funcionar en La Cava el Programa Historia y Patrimonio Cultural de la Salud, dependiente del Ministerio de Salud.

Volviendo a la Organización Panamericana de la Salud, se impulsa el proyecto regional La Biblioteca Virtual en Salud, Historia y Patrimonio Cultural de la Salud, emprendimiento de cooperación técnica en países ubicados en América Latina y en el Caribe. El objeto de este proyecto es el fortalecimiento, valorización y difusión de la historia y del patrimonio cultural de la salud como parte integrante de los sistemas nacionales de salud.

La OPS considera al patrimonio histórico y cultural de la salud como el conjunto de bienes materiales y simbólicos socialmente construidos que expresan el proceso de la salud individual y colectiva en sus dimensiones científica, histórica y cultural, promoviendo el desarrollo de redes que estimulen acciones integradas y cooperativas entre los agentes e instituciones en el campo de la memoria y de la historia de la salud.

Como ustedes ven, no es algo que se nos haya ocurrido a nosotros solos. El tema de la “patrimonialización” ya es un tema que está extendido mundialmente. Tenemos ejemplos de hospitales que funcionan en muchos países del mundo en los que no se ha tirado ni una sola pared; en los que no hay resistencia en la idea de promover el futuro, asentándonos en la memoria del pasado; en los que de manera alguna se piensa que hacer de nuestro patrimonio una defensa exhaustiva significa quedarnos sin adelanto tecnológico. Sumamos esfuerzos para que el hospital, que históricamente ha cumplido su rol, lo siga cumpliendo ahora y en el futuro.

Así como apareció la pandemia del Sida en 1983, todos los días estamos teniendo algún alerta que implica que el personal del Muñiz se capacite otra vez para entrenar, para dictar pautas, para dictar normativas y para estar, en definitiva, al servicio de la comunidad.

Gracias. (Aplausos.)

 

4.- Sr. José I. Pérez

 

Sra. Presidenta (Pedreira).- Corresponde que haga uso de la palabra el señor José Pérez.

 

Sr. Pérez.- Buenas tardes, señoras y señores legisladores, profesionales, profesionales no médicos, Asociación de Bioquímicos y compañeros trabajadores en general de nuestro querido Hospital Muñiz.

            Vengo a representar, si me permiten, al conjunto de trabajadores de nuestro querido hospital. Ya han expuesto de manera brillante tanto el doctor Del Mármol como la doctora Barrera. Se han referido a la defensa fundamental de nuestro hospital como trabajo en la lucha contra las infecciones. Teniendo en cuenta una elíptica –como tiene la historia–, y volviendo al pasado, les recuerdo que en aquella época, en el 1800, todos los hospitales no fueron ubicados en la zona sur de casualidad sino, precisamente, para preservar el miedo y la salud de aquellos que vivían en la zona norte.

            Los hospitales de la zona sur atienden a la gente que realmente está con una inferioridad económica que hoy, lamentablemente, no sólo vive nuestro país, sino el mundo entero. Por lo tanto, consideramos que es de vital importancia que las políticas vayan hermanadas, más allá de un sistema que contemple lo histórico, lo cultural, lo político, lo ideológico, lo económico y también lo solidario, que no se debe perder lo vista.

            Cuando en 1955 ocurrió la epidemia de la Polio, siempre estuvo la espada de Damocles sobre nuestra cabeza con el temor de que se iba a cerrar el Hospital Muñiz.

En 1978 ingresé al hospital como auxiliar de enfermería de la Escuela Cecilia Grierson, cuando otra vez teníamos esa espada de Damocles sobre la cabeza, porque nuevamente se decía que se iba a cerrar el hospital.

Desgraciadamente para la humanidad, en el año 1983 ó 1984, como decía el doctor, tuvimos el primer caso de HIV en el hospital. Seguramente, algunos recordarán a “Chapita”, un paciente que venía del neuropsiquiátrico Borda. Nosotros, tanto profesionales como el resto de los que conformábamos el escalafón, estábamos adiestrados para atender enfermedades infecciosas, no para hacer frente a esta pandemia con sus complicaciones  y connotaciones. Además, la mayoría de los pacientes eran conflictivos o adictos, y para eso  no estábamos preparados. Sin embargo, elegimos el Hospital Muñiz para seguir desarrollando, fundamentalmente, nuestra profesión y para extender la mano a quienes más lo necesitan.

Hoy, nuevamente, la espada de Damocles está pendiendo sobre nuestras cabezas. ¿Por qué la importancia de preservar el hospital como Museo Histórico? Como bien dijo la doctora, el mundo está globalizado. Los argentinos, al revés del “Loco” Gatti, que siempre venía un segundo adelantado en la jugada, estamos un segundo atrasados.

Cuando Europa conserva como movimiento histórico, cultural y sanitario a los hospitales pabellonados, acá algunos iluminados nos quieren hacer ver que eso es lo antiguo; nos quieren hacer ver que tenemos que ir por otro camino. (Aplausos).

            Entendamos que nuestro hospital no sólo es asistencial sino, como bien decía la doctora, ha sido escuela y orgullo a nivel latinoamericano. Debemos seguir peleando para que sea, no solamente asistencial sino, fundamentalmente, hospital de referencia y de investigaciones científicas, que es algo que se ha dejado de hacer, no solamente en nuestro hospital, sino en el resto de las instituciones.

            Por otra parte, las inclemencias con que la naturaleza está sacudiendo al mundo conllevan enfermedades que se creían desterradas y que hoy vuelven a la palestra. Cada ocho horas un paciente de tuberculosis fallece por día en el mundo. No es un dato menor.  El costo es altísimo. Sólo en Estados Unidos, 120 mil millones de dólares son gastados en el sistema sanitario a nivel de enfermedades infecciosas. Nosotros contamos con todos los elementos para poder llevar adelante esta tarea. Lo que nos hace falta es la infraestructura, pero no que vengan con una topadora.  Necesitamos estirarle la mano al que menos tiene y dársela a quienes investigan y a los profesionales para que sigan trabajando en un hospital que es realmente modelo. No tenemos otro negocio más que el de atender al más necesitado. Tenemos el mayor orgullo de contar con profesionales –lo decimos en todos lados– que son eminencias en cada uno de los campos y patologías que desarrollan. Esa es la cuestión.

 Ésta es una enorme herramienta que les pedimos a los legisladores. Venimos de una generación que no cree en el “que se vayan todos”. Decimos: “quédense todos”, porque apostamos al movimiento democrático como país, como institución y creemos en nuestros representantes y en cada uno de ustedes. Tenemos fe en que todos sabrán interpretar la importancia que tiene el Hospital Muñiz y que se catalogue como “Preservación histórica como museo”.  Eso nos va a dar una herramienta a todos para que no venga la topadora y nos lleve puestos, no sólo por una cuestión arquitectónica que está en duda        –porque en Europa los siguen manteniendo–, sino también porque se van a llevar puesta la historia de gente que ha trabajado muchísimo por la salud, para curar las enfermedades infecciosas en nuestro hospital.

En el Primer Mundo se está viendo cómo avanza la gripe A; también tuvimos la gripe aviar y no sabemos qué nueva pandemia o epidemia puede aparecer. La pregunta es a  dónde van a ir. Incluso, con el atentado del 11 de septiembre, el hospital atendió supuestos casos de Ántrax. Todos estos temas fueron atendidos en nuestro hospital.

Señores legisladores: me quiero tomar un atrevimiento para mencionar una moraleja. Un maestro tiene dos alumnos a los que les dice: “Lleven agua del río al aljibe del pueblo”. El que tenía más condiciones económicas tomó en sus hombros dos vasijas nuevas. El otro, llevaba una vasija que perdía, rota por el uso y el paso del tiempo. Por supuesto, con el ir y venir fue el que más tardó. Al final, cumplió con su objetivo. Pero llorando y con vergüenza le dijo al maestro: “Te pido que me perdones porque me avergüenzo; tardé muchísimo en llenar el aljibe”. Al Hospital Muñiz lo sentimos así. Somos como esta gente que tiene la vasija rajada. Y entonces el maestro le dijo: “No te avergüences; siéntete orgulloso, porque lo que has hecho en todo el camino que has ido recorriendo es regarlo, y en ese camino han crecido flores para aquellos que están deprimidos y que las necesitan”. En nuestro caso, los pacientes. En ese camino han nacido frutos, han nacido hortalizas con la que se ha dado de comer a los que necesitan. Y terminó diciéndole: “Es un orgullo que hayas tenido la vasija rota”. Por eso sentimos orgullo los trabajadores del Hospital Muñiz.

Necesitamos de ustedes más que nunca para seguir defendiendo nuestra historia y nuestro pabellón. No en vano las 14 hectáreas forestadas fueron construidas por gente capacitada. En otros tiempos había otras enfermedades, que hoy están más vigentes que nunca.

Que no nos lleve por delante un negocio; que no nos lleve por delante el progreso, porque al progreso se le responde desde la ideología, desde la política social y sanitaria que consiste en ayudar al más necesitado. Necesitamos de ustedes.

Muchas gracias por su atención. (Aplausos.)

 

5.- Sr. Alfredo Seijo

 

Sra. Presidenta (Pedreira).- Corresponde que haga uso de la palabra el señor Alfredo Seijo.

 

Sr. Seijo.- Buenas tardes, señores legisladores y queridos amigos del Hospital de Infecciosas “Francisco Javier Muñiz”.

            No puedo dejar de decirles que me embarga la emoción –lo notarán en mi voz– primero por las magníficas palabras de nuestro querido compañero José Pérez, a quien felicito y, en segundo lugar, porque este es un viejo anhelo de nuestro hospital. Hace muchos años que se plantea la idea de preservar, no con un criterio sentimentalista, sino progresista, lo que consideramos un patrimonio, no solamente de la Ciudad de Buenos Aires, sino de la República Argentina.

            En los últimos años este anhelo se concretó con la conformación del Museo del Hospital Muñiz, y creo que todos nos hemos preguntado en algún momento para qué lo hicimos. ¿Realmente tiene valor el patrimonio del Hospital Muñiz? ¿O somos nostálgicos y  después de treinta o cuarenta años de servicio nos cuesta ver que nos cambian la casa? Quizás ésta sea la respuesta más dura que nos tengamos que dar y el análisis más sincero.

El hospital tiene un verdadero patrimonio arquitectónico, que es parte de la memoria colectiva de la Ciudad. Y quiero aclarar que cuando hablo de la Ciudad, también estoy hablando de lo que hoy denominamos Área Metropolitana y parte del país.

            Fíjense ustedes que ese patrimonio arquitectónico está consolidado en el hospital gracias a obras hechas por gente que pensaba que ellas perdurarían después de su gestión, que iban a tener continuidad en la historia. Fueron generaciones que pensaron que la historia es un proceso y que tiene un significado, más allá del que hace las cosas. Entonces, que no nos vengan a engañar hoy con construcciones de durlock de empresas privadas que sabemos que no tienen, ni siquiera, permanencia en el tiempo.

            Estamos seguros de defender, ante todo, el patrimonio histórico, y a eso vinimos hoy. Pero, no nos engañemos. No queremos solamente el museo; queremos el hospital para poder seguir atendiendo pacientes, respetando esa estructura. El Hospital Muñiz, desde que se creó a la fecha, asiste a los sectores más vulnerables de la sociedad, y no necesita decirlo nadie, sino que basta con acercarse al hospital y ver el tipo de enfermedades que tenemos. Sin embargo, esto no significa que los tengamos que atender en lugares inapropiados o en pabellones que se vienen abajo por la falta de mantenimiento permanente, que –para ser sincero– no es sólo de este gobierno, sino que viene de muchos años atrás.

            Las condiciones en las que trabajan nuestros enfermeros, técnicos, médicos y bioquímicos son inadmisibles; a veces, ni siquiera cuentan con condiciones de bioseguridad, que es lo menos que debería tener el Hospital Muñiz.

            Defendemos el patrimonio histórico y arquitectónico porque creemos que es real y estamos muy seguros de eso. Invito a los legisladores para que algún día conozcan nuestra casa, vean lo bello que es el hospital y constaten que fue diseñado con un pensamiento sanitario de cien años en adelante; y esto quedó demostrado, ya que superó los cien años y sigue vigente.

            Hay otra pregunta que a veces nos hacemos: ¿para qué sirve este patrimonio histórico? Y ahí aparece la memoria colectiva. Una sociedad no se hace sin memoria colectiva; una sociedad no se crea de la noche a la mañana. Justamente, cuando se trata de sacarle la memoria colectiva a la sociedad, la gente común, la gente como nosotros,  pierde en todo sentido: en lo económico, en lo social y en lo cultural. Empezamos a ver cientos de chicos atendidos en el hospital que no tienen memoria colectiva, porque el Estado no se las asegura y la sociedad tampoco. Hoy los atendemos por una epidemia de “paco”, de enfermedades de transmisión sexual, de tuberculosis y de HIV, como si estuviéramos atendiendo a pacientes del siglo XIX.

            Por otro lado, creemos que la estructura pabellonada del hospital, en cuanto a lo arquitectónico –y defiendo lo que se ha dicho hasta aquí–, tiene tanta vigencia ahora como la tuvo cien años atrás.

Volviendo a lo que decía antes, si queremos crear ciudadanos dignos en una sociedad civilizada, tenemos que darles otro paradigma histórico a los jóvenes. Yo no reniego de nuestra construcción histórica que ha estado básicamente plagada de batallas y de héroes militares, porque fue muy importante en su momento. Jamás renegaría del General San Martín o de Belgrano, pero es hora de que empecemos a dar a nuestros chicos el ejemplo de un Penna, de un Muñiz, de un Salvador Mazza, de un Coni, de un Oñativia, de un Ramón Carrillo. Debemos empezar a darles a nuestros jóvenes ejemplos de la comunidad civil, porque todos esperamos que el mundo cambie en el futuro.

            Eso también lo podemos dar como hospital, porque la finalidad de preservarlo no es para preservarnos a nosotros mismos, sino para poder abrir el hospital a la comunidad, y que vengan los jóvenes de las escuelas primarias y secundarias para conocer otro aspecto de la historia.

            Señores legisladores, les cuento que en este momento estamos trabajando en una ley de patrimonio y de preservación del espacio público, porque –insisto– creemos que tiene valor. En algún momento, las cuatro gremiales –como decimos nosotros para referirnos a todos los compañeros que trabajamos en el hospital– vamos a presentar un proyecto de hospital a futuro diseñado por nosotros, los trabajadores del Hospital Muñiz. Espero que estén junto a nosotros y defiendan ese proyecto, porque no pueden hacerlo desde afuera y venir a decirnos cómo tiene que ser el hospital. El hospital lo conocemos los que trabajamos en él y también conocemos los problemas habituales con los que se trabaja en la Argentina. Ojalá que en el futuro podamos tener una audiencia pública para discutir con ustedes qué hospital queremos. (Aplausos.)

            Finalmente, quiero decirles que estoy muy emocionado y contento de ver a tanta gente de todos los rincones del Hospital Muñiz reunidos acá. A veces uno piensa que esto es un proyecto de pocos y el sueño de algunos. Pero veo que, realmente, es un anhelo de toda la comunidad del Hospital Muñiz.

Muchas gracias. (Aplausos.)

 

6.- Sr. Luis Trombetta

 

Sra. Presidenta (Pedreira).- Corresponde que haga uso de la palabra el señor Luis Trombetta.

 

Sr. Trombetta.- Buenas tardes a todos.

Es un honor para mí estar en el Palacio de la Legislatura, la representación política del pueblo de la Ciudad, y también frente a la comisión de legisladores.

            En lo personal, voy a dar mi opinión y no vengo en representación de nadie, a pesar de que comparto la agremiación y la lucha política de mi hospital y de la Asociación de Médicos Municipales.

            Quiero destacar la presencia del doctor Selser, presidente de la Comisión de Salud, porque estoy definitivamente convencido de que los problemas de salud se discuten primordialmente en el ámbito de la salud.

            Sobrevuela en la sala y en el conocimiento de todos que estamos frente a una situación de riesgo no solamente de patrimonio, sino también del presente y futuro destino del Hospital Muñiz. En realidad, lo que estamos discutiendo y tratando de traer a la agenda es cómo frenar un proyecto de refuncionalización y de reconversión hospitalaria; un proyecto que evoca al Proyecto de Reconversión de Salud, al Presal. Es decir, estamos frente a un proyecto, a un Master Plan, a un proceso de reconversión y concentración de tres hospitales –el Ferrer, el Udaondo y el Muñiz– en el ámbito del Hospital Muñiz.

No escapa a ninguno que éste es el tema central que ha dado vida a la inauguración, a la iniciativa y a la preocupación de un importantísimo grupo de colegas y de profesionales del hospital, que pretendemos mantenerlo en pie con su patrimonio cultural, edilicio y con su memoria; un hospital, como dijo Alfredo recién, presente en todo sentido: para el pueblo de la Ciudad y para sus trabajadores.

            Éste es el ámbito de la discusión política de los proyectos que, justamente, son llevados adelante por los representantes del pueblo de la Ciudad. Esto, que parece una verdad de Perogrullo, debe plantearse de alguna manera, porque no estamos discutiendo  opiniones en general –siempre valederas, por supuesto– de lo que creemos que debe ser el hospital. De ninguna manera. Estamos discutiendo parte del patrimonio del pueblo, de la Ciudad y de la salud, que es un bien público. Este concepto de salud como bien público es fundamental para entender que el Hospital Muñiz integra la red de los 33 hospitales que brindan salud a la Ciudad, a su pueblo y a todo el país.

            De manera que cualquier proceso de modernización o de reconversión tiene que estar en pro –por decirlo de alguna manera– del beneficio de todos aquellos para quienes trabajamos. En este sentido, rescato el concepto de servidor público, que es nuestra función. Digo esto porque no quisiera que esta cuestión se transformara en una batalla de retaguardia en la que después de retroceder varias veces, solamente podamos pararnos en una última línea, antes del precipicio, pretendiendo que por conservar el patrimonio estructural del hospital no avance un proceso de privatización. Es válido, pero como concepto es muy pobre.

Entonces, saludo la iniciativa de mis compañeros, de todos los trabajadores que están aquí presentes, de aquellos que han llevado con absoluta buena fe y confianza el proyecto de museo del Hospital Muñiz, porque es parte de nuestro acervo cultural. Sin embargo, debo decir, así como fue señalado anteriormente, que necesitamos un hospital en funcionamiento.

            En concreto, con relación al proyecto, señalo algunos aspectos que han llamado particularmente mi atención, en parte, porque nos dan un baño de realidad. Fíjense ustedes que se habla de inmuebles, de edificios, de construcciones y se señala que en los últimos sesenta años no han sido modificados. Esto demuestra una falta de inversión y un retraso significativo de inversión pública. También se dice que “en el predio del establecimiento existen edificios abandonados, con valor histórico arquitectónico”. Yo me quedo con lo de “abandonados”, porque la cátedra del Hospital Muñiz de la que soy docente, y me enorgullece serlo, estuvo dos años cerrada porque la Universidad de Buenos Aires consideró que era peligroso habitarla después de la caída de la mampostería de los techos.

Por otra parte, me consta que el profesor Troncoso ha tratado de recuperar el patrimonio de historias clínicas en un centenar de volúmenes que condensan toda la actividad y la enseñanza de otros profesores, por ejemplo, en la epidemia de poliomielitis, en difteria, en sarampión, pero debido a la mugre existente y a la peligrosidad del lugar donde está depositado, no se pudo llevar adelante. Esto es parte del patrimonio, de la historia y también del presente.

Entonces, quisiera señalar que la cátedra y los edificios requieren una fuerte inversión. No sólo una inversión para el futuro, sino una inversión para preservar sus edificios o para reponer las especies arbóreas que todos sabemos que se caen después de las tremendas tormentas que tenemos en la Ciudad de Buenos Aires. Es decir, es pasado porque se trata de cultura y de patrimonio; y es presente porque se trata de una necesidad del pueblo de la Ciudad y de sus trabajadores.

            La Comisión de Planeamiento tiene en sus manos un proyecto que, con la recategorización de la zona, permitiría poner una cuña a un proyecto de demolición. Saludo esa iniciativa. Me parece perfectamente lógico buscar todas las formas posibles de frenar un proceso destructivo, pero también debo decir que una ley sin presupuesto es una ley vacía. Prueba de ello es la propia Ley 448, que también plantea una reconversión en casas de medio camino y en una serie de estructuras que, como no tienen presupuesto, no se llevan adelante. Ésta es la realidad política; ésta es la realidad de la salud de la Ciudad.

El hospital es un bien público: es patrimonio del Estado, es patrimonio del pueblo. Aquí sus representantes llevan adelante un proyecto que, reitero, apoyo en el sentido de la preservación, pero insisto en que sin presupuesto, sin partida presupuestaria debidamente detallada en el Presupuesto –que es la ley fundamental de la Legislatura–, no va a ser más que una expresión de deseo.

            De manera que le solicito a las diferentes corrientes políticas que hoy se expresan en estas comisiones, que planifiquen y lleven adelante el correlato presupuestario para poder materializar el mantenimiento del Hospital Muñiz, de su patrimonio y, como también dijo Seijo, de un hospital que hoy todos necesitamos: el pueblo de la Ciudad y los trabajadores.

Me opongo a cualquier proyecto de reconversión hospitalaria que vaya en detrimento del hospital público. Desde mi punto de vista, del hospital no sale un solo tornillo ni un solo ladrillo. Este es el hospital que nosotros vamos a defender y, probablemente, el hospital que necesitemos sea el que requiere una fuerte inversión en dinero, en presupuesto, para que justamente sea el hospital modelo, la referencia que todos necesitan y el lugar donde el pueblo de la Ciudad pueda asistirse.

Muchas gracias. (Aplausos.)

 

7.- Sra. Ana María Bordenave

 

Sra. Presidenta (Pedreira).- Corresponde que haga uso de la palabra la señora Ana María Bordenave.

 

Sra. Bordenave.- Buenas tardes a todos.

            Mi nombre es Ana María Bordenave. Soy psicóloga del Hospital Muñiz desde el año 1990 y, desde hace pocos días, Secretaria Académica y de Cultura de la Asociación de Psicólogos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

            Voy a hablar en mi propio nombre, porque esta es la idea de las audiencias públicas, pero de alguna manera es mi intención transmitir la posición y los sentimientos que tenemos los profesionales del Hospital Muñiz, no sólo los profesionales médicos –algunos de ellos ya han expresado su opinión– sino también de otras disciplinas de la salud.

            Además, la Asociación de Bioquímicos me ha pedido que lea un pequeño comunicado que ha hecho la doctora Cecilia Buchta, que dice lo siguiente: “La Asociación de Bioquímicos de la Ciudad de Buenos Aires apoya el proyecto de ley sobre catalogación con nivel de protección cautelar de los edificios pertenecientes al Hospital Doctor Francisco Javier Muñiz, por considerarlo una de las instituciones sanitarias más importantes de la República Argentina, sintiendo orgullo de su invalorable rol dentro de la estructura hospitalaria de la Ciudad de Buenos Aires.”

            En iguales términos se ha expresado la Asociación de Psicólogos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Se encuentra presente el Secretario General, Andrés Añon, quien nos acompaña en esta audiencia.

            Se han dicho ya de un modo claro y contundente las razones por las que los trabajadores del Hospital Muñiz  apoyamos esta ley. Específicamente, desde la perspectiva de la Salud Mental, entendemos, tal como lo plantea la Ley 448 promulgada en el año 2000, que dentro de los derechos de las personas en relación con la salud mental, se encuentran el derecho a la identidad, a su pertenencia, a su genealogía y a su historia.

            Así como nuestra identidad se constituye sobre nuestra historia personal y será tanto más sólida en la medida en que podamos contar con soportes emocionales y materiales firmes –lo que nos permite crecer, cambiar y transformarnos, pero a partir de seguir siendo quienes somos–, la identidad colectiva se construye sobre la memoria colectiva y la identidad compartida, y también necesita de soportes materiales.

            El concepto de patrimonio histórico y cultural representa, en términos colectivos, de alguna manera, lo que es nuestra identidad personal para cada uno de nosotros.

            Los psicólogos sabemos que el presente y el futuro de cada uno de nosotros están sostenidos por nuestras raíces, por una historia que necesita ser conocida, aprehendida, cuestionada y resignificada. Sin historia, cortando nuestras raíces, somos –como decía Gelman– un clavel del aire.

            Hoy estamos todos nosotros aquí pidiendo, desde cada uno de nuestros lugares, que todos juntos sostengamos nuestras raíces y nuestra historia para desplegar nuestro presente y construir nuestro futuro sobre bases firmes.

            Hoy es un momento particular de nuestro hospital, en el que otra vez escuchamos proyectos del Primer Mundo, renegando de nuestra realidad de país del Tercer Mundo. Las recientes epidemias de dengue y de gripe A han mostrado cómo el hospital público y, en particular, el Hospital Muñiz, han sido el epicentro de la respuesta ante las epidemias. La eficiencia de esta respuesta fue de tal magnitud que no faltó quien dijera que la continuidad de los actuales funcionarios del área de Salud se ha basado sobre ello.

Sabemos que la respuesta estuvo sostenida en el trabajo, en el compromiso y en el esfuerzo de cada uno de nuestros compañeros, quienes diagnosticaron, curaron, acompañaron y consolaron a las personas afectadas.

            Sin embargo, hoy volvemos a temer, como en tiempos de Cacciatore, que las topadoras avancen sobre el Hospital Muñiz. Como en aquellos años crueles, hasta el nombre propio –eso que los patrimonialistas llaman "nomenclatura" y lo que los psicólogos consideramos el soporte material primario de nuestra identidad– está en riesgo.

De acuerdo con los planes de iniciativa privada de los que hemos tomado conocimiento, el Hospital Muñiz podría dejar de llamarse así para ser parte del Complejo Hospitalario del Sur, ni Hospital ni Muñiz.

            Tenemos una historia negra en nuestro país vinculada con las apropiaciones, sobre todo las de la identidad de los niños secuestrados durante la dictadura, lo que generó la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, hoy reconocidas internacionalmente. La apropiación no respeta nombre, ni historia, ni pasado, ni presente. La apropiación siempre hipoteca el futuro.

            Ulloa hablaba de las encerronas trágicas en relación con lo ocurrido durante la dictadura, cuando era el propio Estado el que violaba los derechos de los ciudadanos y avanzaba sobre las instituciones. No había una tercera instancia de apelación. Hoy venimos a la Legislatura a pedirles que, a través de este proyecto, se constituyan en esta instancia de apelación, de instauración de una ley que nos ampare frente a la amenaza, al clima de hostilidad y de intimidación que estamos viviendo.

            Sobre todo, queremos transmitirles que estamos todos y todas muy preocupados por los comentarios que ha vertido el Ministro de Salud en este mismo ámbito sobre el supuesto consenso de las fuerzas vivas del hospital en las políticas en relación con el Master Plan. 

            Señoras y señores legisladores: nosotras y nosotros en conjunto –empleados, técnicos, enfermeros, profesionales médicos y de otras disciplinas de la salud– venimos a decirles "no”, en nuestro nombre. El consenso de las fuerzas vivas del hospital está expresado hoy aquí en el proyecto de ley que venimos a respaldar. Éste es el verdadero consenso.

            Si resistir es vivir, como decían aquellos jóvenes franceses 42 años atrás, estamos vivos, estamos resistiendo y estamos juntos para defender al Hospital Muñiz, al hospital público y a la salud pública. (Aplausos.)

Diputado

Diputado Jorge Selser 

 

Sra. Presidenta (Pedreira).- Hemos concluido con la lista de participantes.

Tiene la palabra el diputado de la Ciudad Jorge Selser, quien quiere hacer referencia a este tema.

 

Sr. Selser.- Buenas tardes.

            Le pedí la palabra a la presidenta de la Comisión –a quien le agradezco que me la haya concedido– porque tuve oportunidad de ser médico del Hospital Muñiz. Allí me inicié y fue donde conocí al doctor Del Mármol. Éramos mucho más jóvenes. Yo era concurrente y el doctor Del Mármol iniciaba la larga tarea de construir el servicio de endoscopía respiratoria, del cual fue un distinguido profesional, y luego Director del Hospital.

            No cabe duda de que el Hospital Muñiz, como otros de la Ciudad, es un patrimonio histórico y cultural. Atravesar sus jardines e ingresar a los pabellones permite apreciar la historia de la medicina en la Ciudad de Buenos Aires. Todavía existen aquellas tapas donde está señalizado el nombre de "Casa de Aislamiento".

            Sin dudas, además de patrimonio cultural e histórico, es un patrimonio social, es un patrimonio de los argentinos y de los hombres que habitamos la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Y digo "social" porque el Muñiz, como muchos o la mayoría de los hospitales, ha sido producto del esfuerzo de la comunidad, no sólo de los gobiernos. En ellos han trabajado innumerables comunidades: religiosas, civiles y cooperadoras que han dedicado su tiempo y su esfuerzo a sostener estos hospitales.

            Entre nosotros está la diputada Carmen Polledo, quien sin dudas ha cumplido una importante tarea en ese aspecto. Ella conoce bien el esfuerzo de toda la comunidad para sostener los hospitales públicos. Por eso son un patrimonio social. Y por eso es imposible que a alguien se le ocurra, en nuestro país, destruir el patrimonio social que ha sido producto de tanto esfuerzo y en el que se ven plasmadas las grandes aspiraciones no sólo del pueblo, sino también de los hombres y de las mujeres –médicos, enfermeros, administrativos, en general toda la comunidad hospitalaria–, que han aportado con su esfuerzo para el sostenimiento de la salud y de sus hospitales. (Aplausos).

            Además, es un patrimonio médico. Como bien dijo el doctor Del Mármol, es parte de la historia más importante de la Medicina. Por allí transitaron hombres extraordinarios que hicieron enormes aportes a la ciencia y que hicieron que la Argentina se convirtiera en uno de los países más importantes desde el punto de vista científico en el área de la medicina. Cabe recordar que, en la década del '50, la Argentina era considerada por la Organización Mundial de la Salud como un país de mención, de seguimiento y de referencia.

            Además, es un patrimonio sanitario, porque cumple una función importantísima en la Ciudad: atender a los miles de pacientes con enfermedades infecciosas que habitan la Ciudad de Buenos Aires y también a los que provienen del interior.

            Me tocó estar en la Sala 17, con mi querido amigo el profesor doctor Omar Palmieri, quien ya está jubilado. Con él aprendí la medicina clínica. Veíamos enfermedades que provenían de todo el país como, por ejemplo, enfermedades contagiosas y tropicales del norte argentino. Además, se les daba solución al Chagas, a la leishmaniasis, a la parasitosis, a la tuberculosis y a la lepra, que ya no deberían existir en nuestro país.   

Sin embargo, la realidad es adversa:  las cifras de la tuberculosos en los barrios del sur de la Ciudad de Buenos Aires y de enfermedades contagiosas transmisibles están a la altura de cuando Ramón Carrillo era Ministro de Salud de la Nación. Es decir, hemos retrocedido más de cinco décadas.

            Pero también el Hospital Muñiz es un patrimonio humano. Quienes venimos trabajando durante tantos años en un hospital -como lo hacemos todos nosotros, en mi caso en el Hospital Argerich– sabemos que el hospital tiene un cuerpo y un alma. El cuerpo está constituido por sus  hombres y mujeres, y el alma es la mística de esos hombres y mujeres. Un equipo de salud no se construye de un día para el otro. Se necesitan muchos años de trabajo conjunto, solidario y armónico, del respeto de uno por el otro, de vocación, de trabajo, de confianza, del cariño por el prójimo, por el compañero y por el hospital.

            A veces, algunos profesionales formados en la Medicina Sanitaria Moderna –yo no los descalifico– vienen a traernos posturas inventadas en los países del Primer Mundo, sin rescatar la experiencia que hemos acumulado en nuestro país y en nuestros hospitales. Porque jamás nos consultan, jamás consultan a los médicos, a los enfermeros, a los trabajadores de los hospitales, que son los que conocen la realidad de nuestro país. Y vienen con proyectos que tienen un grado de torpeza e irrealidad que nos llama poderosamente la atención.

Yo me preguntaría si a algún americano se le ocurriría hoy tirar abajo la Clínica Mayo o el Johns Hopkins. A ninguno. Sin embargo, muchos de esos ideólogos que vienen a la Argentina plantean que tiremos abajo nuestros hospitales, que son reserva y patrimonio histórico.

Como muchos de ustedes –por ejemplo, el doctor Del Mármol, que ha tenido una destacada labor en Alemania–, yo he estado en hospitales de Europa. Cada vez que por nuestra actividad recorremos ese continente, nos encontramos con hospitales centenarios, como el de Estrasburgo, la Salpêtrière, el Louis Pasteur. Igualmente, sucede en Inglaterra. Ninguno de esos hospitales son deteriorados o tirados abajo. Por el contrario, son reactualizados y puestos al servicio de las nuevas concepciones de la atención médica.

Como diputado, y no como presidente de la Comisión de Salud –porque hoy no represento a la comisión–, como hombre que proviene de los hospitales municipales y de mi querido Hospital Argerich, quiero decirles a todos ustedes que voy a defender el Hospital Muñiz como si fuera mi hospital. (Aplausos.)

Voy a trabajar para que ese hospital no sea modificado y para que no se inventen construcciones modernas en un lugar que es patrimonio histórico. No coincido hoy con ese proyecto. No creo que sea posible, desde el punto de vista médico y sanitario, juntar esos tres hospitales. Y, cuando esto llegue a la Comisión de Salud, creo que voy a contar con el beneplácito de mis colegas, y vamos a poder aunar estos criterios y esfuerzos en ese sentido.

Muchas gracias. (Aplausos.)

Finalización

 

Sra. Presidenta (Pedreira).- La audiencia pública es una instancia media entre la primera y la segunda lectura cuando se hace una modificación al Código de Planeamiento Urbano.

            Hemos culminado con la audiencia pública, con lo cual el expediente pasa a la Comisión de Planeamiento Urbano para realizar el despacho para su aprobación definitiva.

            Sin más, doy por finalizada esta audiencia pública. (Aplausos).

 

- Es la hora 16 y 57.

 

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DIRECCIÓN GENERAL DE TAQUÍGRAFOS

 

Teresa Morales