Editorial

La reciente confesión de Mauricio Macri, admitiendo que designó al ex jefe de la Policía Metropolitana Fino Palacios (imputado en la causa AMIA) por recomendación expresa de la CIA y del Mossad, es decir de los servicios secretos de Estados Unidos y del sionismo, expresa la práctica conspirativa de la política de su gobierno.

Macri es incompatible con las reivindicaciones más elementales de los trabajadores. Frente a su procesamiento, por el escándalo de las escuchas ilegales, el kirchnerismo plantea una "comisión investigadora" en la Legislatura que sólo apunta a mantenerlo vivo hasta las elecciones de 2011.

Al fin y al cabo, ambos mantienen un pacto de gobernabilidad en el distrito, en función de los intereses de las grandes corporaciones inmobiliarias y ambos se encuentran alineados en la llamada "guerra contra el terrorismo" de Estados Unidos, que analiza la posibilidad de un ataque militar contra Irán.
Ni Macri ni Kirchner son una alternativa para los trabajadores.