Crisis y colapso de la salud mental de Macri

A poco más de dos años de haber anunciado su Programa de Salud Mental -el cual contemplaba el cierre de los hospitales neuropsiquiátricos Borda, Moyano y Tobar García, el “Plan Macri” se encuentra totalmente parado. Fracasó por completo la misión de Alcain para “contener” la lucha de los trabajadores del Centro de Salud Ameghino contra la destitución macrista de su Director, Rubén Slipak, defendido por la inmensa mayoría de los profesionales. Además, Alcain fue impotente a la hora de consensuar un acuerdo con los gremios estatales y de la salud, incluidas las burocracias (SUTECBA, ATE, UPCN) para poner paños fríos a la movilización ascendente de los trabajadores y las Asociaciones Profesionales –salvo la Asociación de Médicos Municipales, ausente sin aviso- de los hospitales neuropsiquiátricos y los centros de salud mental, consecuencia directa del incremento de los recortes en salarios, el congelamiento de la planta y la baja de designaciones (sumado al recorte creciente en residencias y concurrencias), más el ajuste de insumos e infraestructura hospitalaria.

A la par del cuadro de derrumbe en los neuropsiquiátricos, proliferan los fallos judiciales intimando al Gobierno de la Ciudad a garantizar las mínimas condiciones de funcionamiento sanitario en los edificios, lo cual hoy resulta literalmente imposible para el Estado macrista con el presupuesto aprobado en el 2009 (con el voto de los legisladores kirchnernistas).

También, el Gobierno de Macri ha decidido tercerizar recientemente la atención de adicciones al área de Desarrollo Social, un verdadero disparate que apunta justamente a “relocalizar” a los pacientes adictos de los hospitales monovalentes de la Ciudad (Borda, Moyano, Muñiz) como consecuencia del incremento de la demanda asistencial y las internaciones en los mismos.

En este cuadro, se ha instalado un verdadero estado de rebelión entre los trabajadores y profesionales de la salud mental contra el Gobierno de la Ciudad. El Ameghino, el Borda, el Moyano y el Tobar García comienzan progresivamente a instalar una agenda de lucha reivindicativa en la Ciudad.

            También, como parte de la crisis política que salpica a las burocracias sindicales y las corporaciones profesionales, nunca fue reglamentada la Ley 448 de Salud Mental de la Ciudad, aprobada en el año 2000, bajo gestión de Ibarra la cual nunca fue aplicada aunque siempre reivindicada por todo gobierno de turno, por sus ventajas sanitaristas en el campo de la salud mental. Incluso por el gobierno Macri para fundamentar el cierre del Borda y el Moyano. Claro que tratándose de regímenes capitalistas privatizadores, tienen en común el abandono a su suerte del régimen estatal de salud y la promoción del negocio privado del rubro. Por lo que aquellos postulados “progresistas” de la desmanicomialización, se convierten - en ausencia de una fuerte inversión estatal para un sistema alternativo -, en abandono del paciente pobre y en negocios privados para la “crema” de pre - pagas, obras sociales o particulares. Detrás del barniz modernizante, asoma, bajo estos regímenes, la tercerización de la atención a prestadores privados sean clínicas u ONGs. ¿Puede adjudicarse a esta “descentralización” el que el articulado de la ley eche mano a la colaboración del clero y las fuerzas de seguridad?.

Consideraciones estas, claro, que no impiden un accionar común de todos los que impulsamos la democratización y modernización de todas las especialidades de salud, por un programa común: la triplicación del presupuesto de salud bajo control de trabajadores y usuarios, la defensa incondicional del hospital público y un sistema de atención único y estatal.

            La tendencia creciente al colapso sanitario nos plantea a todos los trabajadores profesionales y no profesionales una fuerte lucha contra la privatización de la salud pública por parte del gobierno macrista. En esta perspectiva, estamos también obligados a no dejarnos llevar por cualquier “variante” centroizquierdista que ya fracasó en la gestión de la salud pública y que también es responsable del actual derrumbe de la salud.

Hernán Scorofitz