Producción Pública de Medicamentos y Vacunas: Un debate necesario
Comité redactor de Tribuna de Salud
La publicación en Tribuna de Salud del artículo titulado “Producción Pública de Medicamentos”, ha dado origen a un interesante debate en medios que se ocupan del tema.
Se sabe que la producción de medicamentos y su comercialización es una de los negocios más fabulosos de los sectores más concentrados del capital en el orden mundial. Con características monopólicas, en manos de los pulpos farmacéuticos que la controlan por medio del dominio de las patentes, del secreto industrial, de la tecnología, la investigación y del mercado.
La modificación de este cuadro general en la producción de medicamentos a favor de una producción y distribución al servicio de las necesidades sanitarias de las grandes mayorías de la humanidad, sólo puede lograrse mediante la quiebra de aquel dominio capitalista monopólico, colocando los resortes principales de la producción farmacéutica bajo control de los interesados, los trabajadores. Una ecuación que sólo puede resolverse en el marco de una gran movilización social, de una magnitud proporcional a las resistencias de los pulpos que lucran con el negocio de la enfermedad.
Cualquier propuesta que evada esta caracterización y abogue por un enfoque posibilista, de medidas parciales y producciones “nacionales”, más o menos alejadas de la tecnología más moderna y la producción industrial de escala, cae en la demagogia. Y terminará en los planteos del tipo “hagamos lo que podamos con lo que tenemos”, que no son otros que los que inspiran las políticas de salud de gobiernos seudo nacionalistas, como el que sufrimos en nuestro país con Kirchner y Ginés.

Una producción de medicamentos y otros insumos de salud de excelencia, a escala por ejemplo, de las necesidades sanitarias concretas de los trabajadores de nuestro país en su situación actual y accesible para todos, no se logra con una “canasta de medicamentos”, ni con la producción “nacional” de “medicamentos esenciales” en el marco de las relaciones de propiedad existentes. Intentos de esa índole terminan indefectiblemente en la apología del atraso científico - tecnológico y productivo y, posiblemente, alguna producción limitada, ineficaz e insuficiente.
No se puede reproducir “entre casa” ni desde la nada, todo el ciclo de desarrollo científico – tecnológico que llevó a la producción moderna de medicamentos. Incluso a los niveles, a partir de los cuales, algunos críticos “nacionales” opinan que no hubo más avances significativos y los desarrollos giran en la producción de modificaciones o combinaciones con la mira exclusiva en la comercialización. El conocimiento y la tecnología, que son patrimonios de la humanidad apropiados por los capitalistas, hay que ir a buscarlos a donde realmente están.
“¡Ustedes dicen que para obtener mejoras en materia de salud, hay que esperar la revolución social! Y mientras tanto nos quedamos cruzados de brazos!” dirán nuestros críticos. Falso, responderemos, no es así, “mientras tanto” hay que organizar a los trabajadores en una gran lucha para imponer medidas transitorias de control y accesibilidad a los medicamentos y la salud pública en general. Desde Tribuna de Salud nos hemos destacado por luchar por un programa de reivindicaciones de los trabajadores: retrotraer los precios de los medicamentos a diciembre de 2001. Producción nacional de fármacos sobre la base de la derogación de la ley de patentes y la intervención de los pulpos farmacéuticos y el control obrero de la producción, apertura de sus libros, triplicación del presupuesto de salud.
Pero siempre planteando, al mismo tiempo, que la solución de fondo está en la expropiación de la industria farmacéutica y de salud bajo control de los trabajadores, lo que a su turno está estrechamente ligado a la disputa por el poder político y la reorganización de la sociedad sobre nuevas bases.
Lo que nunca diremos en Tribuna de Salud es que el régimen político actual y las relaciones de propiedad vigentes pueden coexistir armónicamente con una producción pública y gratuita de medicamentos, capaz de satisfacer las necesidades de la salud popular. Y mucho menos, que esto es posible en las condiciones de la tecnología y la producción existentes en organismos oficiales, universitarios o militares de nuestro país. Lucha sí, macaneo no. Por eso denunciamos en su oportunidad, las “leyes de emergencia sanitaria” y la “producción de genéricos” de los nac& pop del Ministerio de Salud y de los “progres” del gobierno porteño, basadas en el reparto de la miseria y la superexplotación de los trabajadores de salud. Leyes que apoyó, incluso, una parte de la izquierda.
Baste para fundamentar la inocuidad de los planteos basados en laboratorios oficiales, percibir el grado de colonización de nuestras universidades y particularmente sus Institutos de investigación, por el capital privado y los intereses empresariales. ¿A quien se le puede ocurrir investigar o producir fármacos en este ámbito sin quebrar el resistente entramado de estos intereses del beneficio capitalista? ¿Y cómo hacerlo sin una gran movilización política y social?
Durante las jornadas del Argentinazo pudimos atisbar los embriones de la tendencia popular hacia el control de los laboratorios y de las instituciones de la salud pública, surgiendo de la necesidad de satisfacer las necesidades elementales de millones. Un programa de salud, en medicamentos y otros órdenes, para no caer en la utopía distraccionista, debe tener siempre en la mira estratégica, recrear las condiciones de esa caldera social capaz de modificar las relaciones sociales y de propiedad existentes.
