Prestaciones esenciales o flexibilización laboral

Mónica Di Milia

A la luz de los reclamos de diferentes sectores (camioneros, telefónicos, ferroviarios, bancarios, docentes, comercio, Metrovias) por aumentos salariales, los médicos deberíamos pensar en nuestra propia realidad: jornadas extenuantes de hasta 14 horas yendo de un consultorio a otro, precarizados y terciarizados; trabajando para Obras Sociales o Prepagas, clínicas y sanatorios, sin percibir vacaciones, aguinaldo o asignaciones familiares, y ni qué hablar, sin licencias por enfermedad o maternidad.

Las patronales de la medicina han logrado flexibilizar como nunca antes el trabajo del galeno, gracias al sistema de facturaciones que nos hacen responsables de todos los riesgos, incluso a la hora de responder judicialmente ante un supuesto error de praxis.

Si nuestra profesión es liberal, autónoma, vocacional y a la vez esencial; si es tan prestigiosa e indispensable, tan honorable y sagrada, ¿por qué a la hora del reconocimiento, nos pagan entre 10 a 15 pesos la hora? ¿Somos la parte humana de un servicio esencial, o trabajadores a destajo, flexibilizados?

¿Cuál es la ventaja de ser “monotributistas” en lugar de trabajadores en relación de dependencia?

El ministro de Trabajo, que tanto se preocupa a la hora de los paros por garantizar las prestaciones esenciales (Clarín, 12/04/06), ¿por qué no se preocupa a la hora de revisar el fraude laboral que a diario estamos padeciendo miles de trabajadores de la salud –que no otra cosa, al fin de cuentas, somos los médicos?

Nuestras sociedades científicas y academias nos extienden certificaciones por nuestra capacitación, pero el tiempo que le dedicamos a la misma debe salir de nuestro bolsillo, empezando por el lucro cesante a que nos obliga la asistencia a congresos, cursos, seminarios y otras actividades.

¿Y cuál es la tendencia que se observa?

Que lamentablemente, no nos van a alcanzar las 14 horas para sostener todo esto.

¡Si los pacientes capitan en las Obras Sociales y Prepagas, y nuestra capacitación está al servicio de su mejor atención, que sean ellas, junto al Estado, quienes financien nuestro perfeccionamiento!

En otras palabras, estamos ante esta paradoja de la profesión médica en la era de la concentración económica: la supuesta “independencia” profesional nos condena al trabajo a destajo, la forma mas extrema de explotación... Por eso es que debemos exigir nombramientos en los hospitales y relación de dependencia en las Obras Sociales y en las empresas de medicina Privada. Basta de profesiones en negro, incorporación y salarios de convenio.

Tomemos el ejemplo de quienes luchan: cómo los trabajadores del subte, por dar sólo un ejemplo, han pasado por encima de los dirigentes eternizados en el sindicato –cualquier parecido con FEMEDICA, FEMEBA, COMRA o la AMM no es pura casualidad-, y apoyándose en los delegados de base, han logrado que un boletero, con seis horas de trabajo diario por insalubridad, gane aquello que más de un médico, con años y años de estudio y dedicación, desearía ganar.

El camino a transitar pasa por ir organizando asambleas en nuestros hospitales, obras sociales, clínicas y sanatorios, buscando elaborar un programa que logre unificar a TODOS los trabajadores de la salud, de los cuales también formamos parte –salvo aquellos que explotan a sus propios colegas en beneficio propio- los médicos.

Organicémonos y demostremos que si nuestro trabajo es esencial, también vale como tal.

“Esto es como esas muñequitas rusas, que al abrir una hay otra dentro” (Clarín, 12/04/06), dijo el ministro Tomada. Pero si los conflictos vienen uno tras otro, es porque estamos flexibilizados, precarizados y tercerizados.

Ellos se acuerdan de la salud como valor esencial, cuando salimos a decir ¡basta! Nosotros trabajamos por la salud los 365 días del año. Pero la salud de la población, y la nuestra, es incompatible con ellos