A la situación convulsiva que se produjo en los hospitales porteños en los primeros meses del año, parece haber seguido un período de calma. A no engañarse, el gobierno y los gremios han echado lastre, pero la política privatista socava lenta pero inexorablemente el sistema de salud pública de la Ciudad. Se reúnen las condiciones de nuevos y fuertes conflictos.