La falta de insumos pone en riesgo la continuidad de la atención del Hospital de Niños de La Plata como centro de referencia pediátrica. Los procedimientos de alta complejidad se trasladan al ámbito privado convirtiendo al hospital en una salita de primeros auxilios. Al mismo tiempo la demanda se incrementó al ritmo de la crisis sanitaria. La compactación ya afectó a nuestro hospital con el cierre de la sala 26 de quemados.
Hoy los trabajadores de la salud atendemos sin guantes, camisolines, llave de 3 vías, cánulas de aspiración, frascos de urocultivos, campos estériles, medicaciones básicas. Los quirófanos están vaciados. Un anestesista casi muere electrocutado por el mal mantenimiento. La falta de personal se agrava con la miseria salarial. La guardia central funciona con 2 o 3 médicos de planta para unos 200 pacientes con 3-4 horas de demora promedio en la atención.
Compran materiales de segunda categoría y alquilan equipos a empresas privadas. El vaciamiento del hospital es un negocio para el gobierno, la dirección y los empresarios amigos. Con los costos anuales de las resonancias magnéticas que se derivan a institutos privados se comprarían varios resonadores. Las empresas tercerizadas de maestranza, cocina y seguridad sobrefacturan los costos. Les pagan a sus trabajadores salarios miserables a través de contratos que se renuevan anualmente sin incluir antigüedad ni vacaciones. La flexibilidad laboral se combina con servicios deficientes que ponen en riesgo la comida, la higiene y la seguridad. Denunciamos el reciente despido del compañero Cisneros de maestranza cuya reincorporación inmediata ganaremos con la lucha.
Un gran paso, luchando conquistamos 34 nombramientos de planta